El Parlamento Europeo ha adoptado su posición sobre el programa Pericles V, que financia formaciones e intercambios para proteger el euro contra la falsificación de 2028 a 2034. El presupuesto se fija en 7 811 000 euros a precios corrientes (6 942 000 euros a precios de 2025). El programa se centra ahora en las amenazas emergentes como el euro digital y la inteligencia artificial, y la Comisión deberá rendir cuentas cada año.
Pericles es un programa europeo que existe desde 2002 y que ayuda a las policías, las aduanas y los bancos centrales de los países de la UE a cooperar contra la falsificación del euro. La Comisión propuso prolongarlo después de 2028 con el mismo ámbito de actuación. El Parlamento votó enmiendas para reforzar el seguimiento y adaptar el programa a las nuevas amenazas, en particular la inteligencia artificial y el euro digital.
Presupuesto de 7,8 millones de eurosEl programa dispondrá de 7 811 000 euros a precios corrientes para el período 2028-2034, es decir, 6 942 000 euros a precios de 2025. Podrán aportarse contribuciones adicionales de los Estados miembros, las instituciones de la UE, países terceros u organizaciones internacionales.
Nuevas amenazas tenidas en cuentaEl objetivo de proteger el euro contra la falsificación incluye ahora explícitamente las amenazas relacionadas con el euro digital, la falsificación asistida por inteligencia artificial y las técnicas para eludir los sistemas de detección, así como las herramientas de investigación que utilizan la inteligencia artificial.
Informes anuales obligatoriosLa Comisión deberá presentar cada año un informe al Parlamento Europeo, al Consejo y al Banco Central Europeo sobre los resultados del programa, con la lista de las acciones financiadas, sus presupuestos y los participantes. La comisión competente del Parlamento podrá solicitar una presentación oral.
Expertos ampliadosLos expertos elegibles para las acciones de formación e intercambio incluyen ahora a los especialistas en monedas digitales y blockchain, en ciberseguridad, así como a los ingenieros en inteligencia artificial y en aprendizaje automático.
Cooperación con países tercerosEl programa fomentará el refuerzo de capacidades y la formación con las autoridades de países terceros donde se encuentran focos de falsificación, a fin de proteger mejor el euro fuera de la Unión.
El Parlamento adoptó esta posición por 629 votos a favor, 7 en contra y 31 abstenciones.
Este programa no cambia directamente la vida cotidiana de los ciudadanos, pero ayuda a las autoridades a luchar contra la falsificación, lo que protege la confianza en el euro y evita pérdidas para los comerciantes y los particulares. Al centrarse en las nuevas amenazas como la inteligencia artificial y el euro digital, la UE busca mantenerse por delante de los falsificadores. El texto aún debe negociarse con los gobiernos de los Estados miembros antes de convertirse en ley.
El Parlamento Europeo ha adoptado su posición sobre el programa Pericles V, que financiará de 2028 a 2034 la formación y la cooperación de las policías, las aduanas y los bancos centrales contra la falsificación de moneda. El presupuesto pasa de «no especificado» en la propuesta de la Comisión a 7 811 000 euros en precios corrientes (6 942 000 euros a precios de 2025), y el programa se recentra explícitamente en las amenazas emergentes: euro digital, inteligencia artificial, darknet. El voto es masivo (629 a favor, 7 en contra, 31 abstenciones), pero no hay que confundir consenso con eficacia: cada euro gastado debe justificarse por un resultado medible, no por la rutina presupuestaria.
El programa Pericles existe desde 2002 y ha demostrado su utilidad: en 2025 se retiraron de la circulación unos 444 000 billetes falsos en euros, un nivel bajo en proporción al stock total, pero los billetes de 20 y 50 euros representan el 80 % de las detecciones. La falsificación sigue siendo una actividad criminal transnacional, y la cooperación entre autoridades nacionales es indispensable. El presupuesto de 7,8 millones de euros en siete años es modesto a escala de la UE, y es una buena cosa: se trata de financiar formaciones e intercambios específicos, no de crear una nueva burocracia.
El Parlamento tiene razón al exigir informes anuales detallados. El dinero público debe trazarse, y los beneficiarios deben rendir cuentas sobre los resultados concretos: cuántas formaciones, cuántas redes criminales desmanteladas, cuántas incautaciones. Sin esa rendición de cuentas, el programa corre el riesgo de convertirse en una subvención permanente sin evaluación rigurosa. El nuevo informe anual al Parlamento, al Consejo y al BCE es un paso en la buena dirección, a condición de que la Comisión no se limite a listas administrativas.
La alternativa liberal habría sido condicionar la renovación del programa a una evaluación independiente de los resultados obtenidos, con una cláusula de revisión en 2031. El Parlamento ha preferido una prórroga de siete años con un seguimiento anual: es mejor que nada, pero crea una inercia presupuestaria.
La inteligencia artificial trastorna la falsificación: herramientas generativas pueden crear imágenes de billetes, y técnicas de aprendizaje automático permiten eludir los sistemas de detección. El Parlamento tiene razón al integrar estas dimensiones en el objetivo del programa y al ampliar los expertos elegibles a los especialistas en blockchain, ciberseguridad e IA. Pero no hay que engañarse: la tecnología no sustituye la cooperación policial sobre el terreno. Las formaciones y los intercambios de buenas prácticas siguen siendo el corazón del programa.
El euro digital, aún en preparación, podría convertirse en un objetivo. El programa debe anticipar estos riesgos, pero sin ceder a la tentación de financiar proyectos tecnológicos costosos. La prioridad debe seguir siendo la protección del efectivo, que es el único medio de pago universalmente accesible y un instrumento de resiliencia en caso de fallo de los sistemas electrónicos. El Parlamento hizo bien en recordarlo en sus considerandos, aunque estos no tengan fuerza obligatoria.
También se refuerza la cooperación con los países terceros, en particular para los focos de falsificación identificados fuera de la Unión. Es una necesidad: la moneda falsa producida en el extranjero puede inundar el mercado europeo. Pero la adquisición de equipos para las autoridades de países terceros debe acompañarse de formaciones, como prevé el texto. De lo contrario, el dinero público financia material que no sirve para nada.
Un presupuesto modesto no exime de una exigencia de resultado: cada euro debe comprar seguridad, no papeleo.
El Parlamento Europeo ha adoptado su posición sobre el programa Pericles V, que financiará de 2028 a 2034 la formación y la cooperación de las policías, las aduanas y los bancos centrales contra la falsificación de moneda. El presupuesto pasa de «no especificado» en la propuesta de la Comisión a 7 811 000 euros en precios corrientes (6 942 000 euros a precios de 2025), y el programa se recentra explícitamente en las amenazas emergentes: euro digital, inteligencia artificial, darknet. El voto es masivo (629 a favor, 7 en contra, 31 abstenciones), pero no hay que confundir consenso con eficacia: cada euro gastado debe justificarse por un resultado medible, no por la rutina presupuestaria.
El programa Pericles existe desde 2002 y ha demostrado su utilidad: en 2025 se retiraron de la circulación unos 444 000 billetes falsos en euros, un nivel bajo en proporción al stock total, pero los billetes de 20 y 50 euros representan el 80 % de las detecciones. La falsificación sigue siendo una actividad criminal transnacional, y la cooperación entre autoridades nacionales es indispensable. El presupuesto de 7,8 millones de euros en siete años es modesto a escala de la UE, y es una buena cosa: se trata de financiar formaciones e intercambios específicos, no de crear una nueva burocracia.
El Parlamento tiene razón al exigir informes anuales detallados. El dinero público debe trazarse, y los beneficiarios deben rendir cuentas sobre los resultados concretos: cuántas formaciones, cuántas redes criminales desmanteladas, cuántas incautaciones. Sin esa rendición de cuentas, el programa corre el riesgo de convertirse en una subvención permanente sin evaluación rigurosa. El nuevo informe anual al Parlamento, al Consejo y al BCE es un paso en la buena dirección, a condición de que la Comisión no se limite a listas administrativas.
La alternativa liberal habría sido condicionar la renovación del programa a una evaluación independiente de los resultados obtenidos, con una cláusula de revisión en 2031. El Parlamento ha preferido una prórroga de siete años con un seguimiento anual: es mejor que nada, pero crea una inercia presupuestaria.
La inteligencia artificial trastorna la falsificación: herramientas generativas pueden crear imágenes de billetes, y técnicas de aprendizaje automático permiten eludir los sistemas de detección. El Parlamento tiene razón al integrar estas dimensiones en el objetivo del programa y al ampliar los expertos elegibles a los especialistas en blockchain, ciberseguridad e IA. Pero no hay que engañarse: la tecnología no sustituye la cooperación policial sobre el terreno. Las formaciones y los intercambios de buenas prácticas siguen siendo el corazón del programa.
El euro digital, aún en preparación, podría convertirse en un objetivo. El programa debe anticipar estos riesgos, pero sin ceder a la tentación de financiar proyectos tecnológicos costosos. La prioridad debe seguir siendo la protección del efectivo, que es el único medio de pago universalmente accesible y un instrumento de resiliencia en caso de fallo de los sistemas electrónicos. El Parlamento hizo bien en recordarlo en sus considerandos, aunque estos no tengan fuerza obligatoria.
También se refuerza la cooperación con los países terceros, en particular para los focos de falsificación identificados fuera de la Unión. Es una necesidad: la moneda falsa producida en el extranjero puede inundar el mercado europeo. Pero la adquisición de equipos para las autoridades de países terceros debe acompañarse de formaciones, como prevé el texto. De lo contrario, el dinero público financia material que no sirve para nada.
Un presupuesto modesto no exime de una exigencia de resultado: cada euro debe comprar seguridad, no papeleo.