El Parlamento Europeo ha adoptado una posición que aprueba el acuerdo provisional con el Consejo sobre la reserva de estabilidad del mercado para los edificios, el transporte por carretera y otros sectores. El texto modifica las reglas de retirada de derechos: cuando el número total de derechos en circulación se sitúa entre 210 y 260 millones, se retiran derechos adicionales de la reserva. La cantidad adicional se calcula tomando 100 millones y deduciendo el doble de la diferencia entre el número total de derechos en circulación y 210 millones. Esta posición aún debe ser aprobada formalmente por el Consejo antes de convertirse en ley.
La reserva de estabilidad del mercado se creó para atenuar los desequilibrios entre la oferta y la demanda de derechos de emisión en el nuevo sistema de comercio de derechos para los edificios, el transporte por carretera y otros sectores. La Comisión había propuesto modificaciones específicas de los parámetros de esta reserva a fin de mejorar la previsibilidad del mercado y la estabilidad de los precios en los primeros años de funcionamiento del sistema. El Parlamento modificó el enfoque de la Comisión introduciendo una horquilla de activación de 210 a 260 millones de derechos en circulación para retiradas adicionales, y fijando nuevas reglas de publicación y cálculo.
Retirada adicional entre 210 y 260 millonesPara un año determinado, si el número total de derechos en circulación se sitúa entre 210 y 260 millones, se retiran derechos adicionales de la reserva. La cantidad se calcula tomando 100 millones y deduciendo el doble de la diferencia entre el número total de derechos en circulación y 210 millones.
Publicación anual a partir del 1 de junio de 2028La Comisión publica cada año, a más tardar el 1 de junio del año siguiente, el número total de derechos en circulación correspondientes al capítulo VI bis de la Directiva 2003/87/CE, por separado de los derechos en circulación existentes. La primera publicación tendrá lugar a más tardar el 1 de junio de 2028.
20 millones de derechos adicionalesCuando se retiren derechos de la reserva de conformidad con el artículo 30 nonies, apartado 2, de la Directiva 2003/87/CE, se añadirán 20 millones de derechos adicionales a la cantidad que debe retirarse de la reserva.
Reparto en tres mesesLos volúmenes que deben retirarse de la reserva se reparten de manera uniforme durante un período de tres meses que comienza a más tardar dos meses después de la fecha en que se hayan cumplido las condiciones, según la publicación en el Diario Oficial de la Unión Europea.
Reexamen con integridad medioambiental y equidad socialEl reexamen previsto en el artículo 3 de la Decisión 2015/1814 tiene en cuenta el número de derechos restantes considerando tanto la integridad medioambiental como la equidad social.
El Parlamento aprobó el texto por 467 votos a favor, 158 votos en contra y 41 abstenciones (votación electrónica por llamamiento).
Esta decisión ajusta el funcionamiento de la reserva de estabilidad del mercado para el nuevo sistema de comercio de derechos que abarca los edificios y el transporte por carretera. En concreto, cuando el número de derechos en circulación se sitúa entre 210 y 260 millones, se retiran derechos adicionales de la reserva y se subastan, lo que puede influir en los precios del carbono soportados en última instancia por los consumidores y las empresas. La publicación anual del número de derechos en circulación a partir de 2028 pretende hacer el mercado más previsible. El texto aún debe ser aprobado formalmente por el Consejo antes de su entrada en vigor.
El Parlamento ha aprobado el acuerdo provisional sobre la reserva de estabilidad del mercado de carbono de los edificios y el transporte por carretera, pero le ha añadido un mecanismo de retirada adicional que la Comisión no había previsto: entre 210 y 260 millones de derechos en circulación, la reserva detrae hasta 100 millones de derechos, calculados como 100 millones menos el doble de la diferencia con el umbral de 210 millones. Esto ya no es estabilidad, es gestión discrecional de los precios mediante formulario.
El mecanismo añadido al artículo 1 bis, apartado 5, no se limita a suavizar: fija una pendiente. Con 210 millones de derechos en circulación, la reserva retira 100 millones; con 260 millones, ya no retira ninguno. Entre ambos, cada millón adicional en circulación reduce la retirada en dos millones. Dicho de otro modo, cuanto más señala el mercado un excedente, más aprieta Bruselas, y más sube el precio del carbono que pagan los hogares y los transportistas.
La lógica de la reserva era responder a shocks de oferta y demanda, no pilotar finamente un precio. Al grabar una fórmula en un acto legislativo, el Parlamento transforma una herramienta de estabilización en un cuasi banco central del carbono, sin mandato democrático para fijar el precio. Quienes pagarán la calefacción y el carburante no tienen ningún medio para impugnar la fórmula.
La nueva obligación de publicación anual al 1 de junio, con un primer plazo en 2028, es algo bueno: la previsibilidad es una condición de la inversión. Pero un calendario de publicación no sustituye una regla simple. El empresario que renueva un edificio o renueva una flota necesita saber qué precio afrontará en diez años, no leer un total de derechos publicado cada primavera.
El verdadero coste está en otra parte: la fórmula de retirada añade una capa de incertidumbre regulatoria en el mismo momento en que el sistema arranca. Un inversor que anticipa una retirada automática por encima de 210 millones integra una prima de riesgo en sus cálculos, y esa prima se traslada al alquiler y al billete de transporte.
El enfoque subsidiario habría consistido en dejar que la reserva desempeñara su papel de amortiguador ante shocks constatados, publicar los datos y no inscribir una pendiente discrecional en la ley. El Parlamento ha preferido la fórmula.
Una fórmula de retirada decidida en Bruselas no estabiliza el mercado: desplaza el riesgo hacia quienes pagan la calefacción y el carburante.
El Parlamento ha aprobado el acuerdo provisional sobre la reserva de estabilidad del mercado de carbono de los edificios y el transporte por carretera, pero le ha añadido un mecanismo de retirada adicional que la Comisión no había previsto: entre 210 y 260 millones de derechos en circulación, la reserva detrae hasta 100 millones de derechos, calculados como 100 millones menos el doble de la diferencia con el umbral de 210 millones. Esto ya no es estabilidad, es gestión discrecional de los precios mediante formulario.
El mecanismo añadido al artículo 1 bis, apartado 5, no se limita a suavizar: fija una pendiente. Con 210 millones de derechos en circulación, la reserva retira 100 millones; con 260 millones, ya no retira ninguno. Entre ambos, cada millón adicional en circulación reduce la retirada en dos millones. Dicho de otro modo, cuanto más señala el mercado un excedente, más aprieta Bruselas, y más sube el precio del carbono que pagan los hogares y los transportistas.
La lógica de la reserva era responder a shocks de oferta y demanda, no pilotar finamente un precio. Al grabar una fórmula en un acto legislativo, el Parlamento transforma una herramienta de estabilización en un cuasi banco central del carbono, sin mandato democrático para fijar el precio. Quienes pagarán la calefacción y el carburante no tienen ningún medio para impugnar la fórmula.
La nueva obligación de publicación anual al 1 de junio, con un primer plazo en 2028, es algo bueno: la previsibilidad es una condición de la inversión. Pero un calendario de publicación no sustituye una regla simple. El empresario que renueva un edificio o renueva una flota necesita saber qué precio afrontará en diez años, no leer un total de derechos publicado cada primavera.
El verdadero coste está en otra parte: la fórmula de retirada añade una capa de incertidumbre regulatoria en el mismo momento en que el sistema arranca. Un inversor que anticipa una retirada automática por encima de 210 millones integra una prima de riesgo en sus cálculos, y esa prima se traslada al alquiler y al billete de transporte.
El enfoque subsidiario habría consistido en dejar que la reserva desempeñara su papel de amortiguador ante shocks constatados, publicar los datos y no inscribir una pendiente discrecional en la ley. El Parlamento ha preferido la fórmula.
Una fórmula de retirada decidida en Bruselas no estabiliza el mercado: desplaza el riesgo hacia quienes pagan la calefacción y el carburante.