El Parlamento Europeo ha dado su aprobación a la celebración del acuerdo comercial interino entre la Unión Europea y México. De este modo, consiente el acuerdo tal como fue presentado por el Consejo, sin introducir modificaciones. Esta votación abre el camino a la aplicación de nuevas normas comerciales entre ambos socios.
La Unión Europea y México negociaban desde hacía varios años un acuerdo comercial actualizado. A la espera de la finalización del conjunto del dispositivo, se celebró un acuerdo interino para aplicar sin demora las disposiciones comerciales. El Consejo pidió al Parlamento que aprobara este acuerdo, lo que requiere su consentimiento.
Aprobación del acuerdoEl Parlamento da su aprobación a la celebración del acuerdo comercial interino entre la Unión Europea y México.
Ninguna modificación introducidaEl Parlamento consiente el acuerdo tal como fue presentado por el Consejo, sin introducir cambios.
Transmisión de la posiciónSe encomienda a la Presidenta del Parlamento transmitir la posición del Parlamento al Consejo, a la Comisión, así como a los gobiernos y parlamentos de los Estados miembros y de los Estados Unidos Mexicanos.
La votación se celebró por llamamiento nominal electrónico: 474 votos a favor, 131 votos en contra y 60 abstenciones.
Este acuerdo comercial interino regula los intercambios entre la Unión Europea y México. Puede facilitar las exportaciones y las importaciones entre ambas zonas, lo que afecta a las empresas que comercian con México y a los consumidores que compran productos mexicanos. Las normas comerciales que contiene se aplicarán una vez finalizado el procedimiento de aprobación.
El Parlamento Europeo ha dado su aprobación a la conclusión del acuerdo comercial interino entre la Unión Europea y México, con 474 votos a favor, 131 en contra y 60 abstenciones. Da su consentimiento al acuerdo tal como lo presentó el Consejo, sin introducir modificaciones. Esta votación abre el camino a la aplicación de nuevas reglas comerciales entre ambos socios, y es una buena noticia para quienes exportan, importan e invierten.
El Parlamento no ha intentado reescribir el acuerdo. Ha dado su consentimiento, como prevé el procedimiento, a un texto negociado por la Comisión y transmitido por el Consejo. Es la elección de la responsabilidad: reabrir un acuerdo comercial ya concluido supone añadir meses de incertidumbre para los exportadores europeos, y la incertidumbre tiene un costo. Una empresa que duda en invertir en un mercado espera una señal clara; esta votación se la da.
Los 131 votos en contra y las 60 abstenciones recuerdan que una parte de la cámara sigue siendo hostil a cualquier acuerdo comercial. Su argumento habitual, la protección de los productores europeos, merece tomarse en serio, pero apunta mal: no son los intercambios los que protegen a los productores, es la competencia la que los hace mejores. Cerrar la puerta a México solo habría privado a los consumidores europeos de opciones y a las empresas de salidas comerciales.
El acuerdo interino enmarca los intercambios entre la Unión y México mientras se ultima el conjunto del dispositivo. Para una pyme que exporta máquinas o productos agroalimentarios, esto significa reglas más previsibles y procedimientos simplificados. Para el consumidor, significa más productos mexicanos en las estanterías, a menudo a mejor precio. El mecanismo es simple: menos barreras de entrada, más competencia y, por tanto, una ganancia tanto para el comprador como para el vendedor.
El texto no prevé ninguna modificación de fondo, y eso es precisamente lo que se le pide. Un acuerdo comercial no debe llevar política industrial disfrazada ni cláusulas ideológicas. Debe abrir mercados, no cerrar salidas comerciales. En este punto, el Parlamento ha hecho su trabajo: ha dicho sí a un acuerdo que liberaliza, sin añadirle capas burocráticas.
Aprobar un acuerdo comercial es confiar en las empresas más que en los comités.
El Parlamento Europeo ha dado su aprobación a la conclusión del acuerdo comercial interino entre la Unión Europea y México, con 474 votos a favor, 131 en contra y 60 abstenciones. Da su consentimiento al acuerdo tal como lo presentó el Consejo, sin introducir modificaciones. Esta votación abre el camino a la aplicación de nuevas reglas comerciales entre ambos socios, y es una buena noticia para quienes exportan, importan e invierten.
El Parlamento no ha intentado reescribir el acuerdo. Ha dado su consentimiento, como prevé el procedimiento, a un texto negociado por la Comisión y transmitido por el Consejo. Es la elección de la responsabilidad: reabrir un acuerdo comercial ya concluido supone añadir meses de incertidumbre para los exportadores europeos, y la incertidumbre tiene un costo. Una empresa que duda en invertir en un mercado espera una señal clara; esta votación se la da.
Los 131 votos en contra y las 60 abstenciones recuerdan que una parte de la cámara sigue siendo hostil a cualquier acuerdo comercial. Su argumento habitual, la protección de los productores europeos, merece tomarse en serio, pero apunta mal: no son los intercambios los que protegen a los productores, es la competencia la que los hace mejores. Cerrar la puerta a México solo habría privado a los consumidores europeos de opciones y a las empresas de salidas comerciales.
El acuerdo interino enmarca los intercambios entre la Unión y México mientras se ultima el conjunto del dispositivo. Para una pyme que exporta máquinas o productos agroalimentarios, esto significa reglas más previsibles y procedimientos simplificados. Para el consumidor, significa más productos mexicanos en las estanterías, a menudo a mejor precio. El mecanismo es simple: menos barreras de entrada, más competencia y, por tanto, una ganancia tanto para el comprador como para el vendedor.
El texto no prevé ninguna modificación de fondo, y eso es precisamente lo que se le pide. Un acuerdo comercial no debe llevar política industrial disfrazada ni cláusulas ideológicas. Debe abrir mercados, no cerrar salidas comerciales. En este punto, el Parlamento ha hecho su trabajo: ha dicho sí a un acuerdo que liberaliza, sin añadirle capas burocráticas.
Aprobar un acuerdo comercial es confiar en las empresas más que en los comités.