El Parlamento Europeo ha aprobado una resolución que condena la guerra de Rusia contra Ucrania y pide que la Unión y sus Estados miembros aumenten su ayuda militar a Kiev, en particular sistemas de defensa aérea y misiles de largo alcance. El texto reclama también garantías de seguridad sólidas y jurídicamente vinculantes para Ucrania, así como la retirada inmediata e incondicional de todas las fuerzas rusas del territorio ucraniano. El Parlamento pide a la Comisión que actúe; no es una ley.
Cada año, la Comisión publica un informe sobre Ucrania que sirve de base para un debate en el Parlamento. Este informe es un documento de seguimiento: no propone ninguna medida legislativa vinculante. El Parlamento ha adoptado, por tanto, su propia posición política sobre la situación en Ucrania y sobre la respuesta que debería dar la Unión Europea.
Retirada rusa exigidaEl Parlamento exige que Rusia cese inmediata e incondicionalmente todas sus actividades militares en Ucrania y retire todas sus fuerzas y todo su material militar de la totalidad del territorio ucraniano, incluidas sus aguas territoriales.
Más armas para KievPide a la Unión y a los Estados miembros que aumenten su asistencia militar a Ucrania, en particular sistemas de defensa aérea (Patriot, SAMP/T, NASAMS, IRIS-T, HAWK) y capacidades de ataque en profundidad. Insta en particular a Alemania a suministrar misiles Taurus de largo alcance.
Garantías de seguridad vinculantesEl Parlamento reclama garantías de seguridad sólidas y jurídicamente vinculantes para Ucrania, equivalentes a las del artículo 5 del Tratado de Washington y del artículo 42, apartado 7, del Tratado de la Unión Europea, en cuanto el estado de guerra haya finalizado oficialmente.
Zona de protección aéreaPide a una coalición de Estados miembros voluntarios que estudie la creación de una zona de protección aérea integrada con vocación defensiva, dirigida por Europa, que podría desplegar patrullas aéreas de combate sobre las zonas no disputadas de Ucrania.
Presión sobre RusiaEl Parlamento condena la relajación parcial de las sanciones estadounidenses contra Rusia y denuncia la posición de Estados Unidos consistente en subordinar sus garantías de seguridad a la retirada de Ucrania del Donbás. Pide una paz justa y duradera, con reparaciones rusas y responsabilidad por los crímenes de guerra.
La resolución fue aprobada por 460 votos a favor, 136 en contra y 59 abstenciones en una votación electrónica por llamamiento nominal.
Este voto no impone ninguna obligación jurídica a los Estados miembros ni a las instituciones europeas. Expresa la posición política del Parlamento Europeo sobre la guerra en Ucrania y sobre cuál debería ser la respuesta de la Unión. En concreto, pide enviar más armas a Ucrania, incluidos sistemas de defensa aérea y misiles de largo alcance, y preparar garantías de seguridad para la posguerra. Pide también que Ucrania participe en toda decisión que le concierna y que Europa participe en las negociaciones de paz. El Parlamento pide a la Comisión y a los Estados miembros que actúen; no es una ley.
El Parlamento Europeo adoptó el 8 de julio de 2026, por 460 votos contra 136 y 59 abstenciones, una resolución que exige la retirada inmediata e incondicional de las fuerzas rusas de Ucrania y llama a la Unión y a sus Estados miembros a aumentar masivamente su ayuda militar a Kiev, incluidos sistemas de defensa aérea y misiles de largo alcance. No es una ley: es una posición política. Pero dice una cosa simple: Europa debe dejar de mirar el coraje ucraniano como algo debido y empezar a financiarlo como una inversión en su propia seguridad.
El Parlamento constata una reducción del 99 % de la ayuda militar estadounidense en 2025. No es una abstracción: es la señal enviada a Moscú de que el tiempo juega a su favor. En respuesta, la resolución pide acelerar y aumentar el suministro de armas y municiones, y subraya que la Unión y sus Estados miembros ya son el principal proveedor de apoyo financiero y militar a Ucrania. El mecanismo es simple: si la ayuda disminuye, la capacidad de Ucrania para defenderse disminuye, y Rusia no tiene ninguna razón para negociar. Si la ayuda aumenta de forma previsible, la correlación de fuerzas cambia y la diplomacia se vuelve posible.
El texto exhorta en particular a Alemania a suministrar misiles Taurus de largo alcance, y a los demás Estados miembros a dotar a Ucrania de sistemas de defensa aérea adicionales. Para un ciudadano europeo, esto significa que la protección de su propio espacio aéreo comienza en Ucrania. Cada misil interceptado sobre Kiev es un misil que no amenaza a Varsovia o Berlín. El coste de la espera, en cambio, se mide en vidas ucranianas y en riesgos crecientes para Europa.
La resolución reclama garantías de seguridad sólidas y jurídicamente vinculantes para Ucrania, equivalentes a las del artículo 5 del Tratado de Washington y del artículo 42, apartado 7, del Tratado de la Unión Europea, en cuanto el estado de guerra haya terminado oficialmente. También pide a una coalición de Estados miembros voluntarios que estudie una zona de protección aérea integrada con vocación defensiva, dirigida por Europa, con patrullas aéreas de combate sobre las zonas no disputadas de Ucrania. No son compromisos vinculantes, sino orientaciones políticas. Su aplicación dependerá de la voluntad de los Estados miembros, y ahí está el problema: las garantías de seguridad solo tienen valor si son creíbles, y solo son creíbles si las capacidades militares europeas las acompañan.
El Parlamento invita a la Comisión y a los Estados miembros a considerar el nombramiento de un negociador europeo de alto nivel con un mandato claro. Recuerda que nadie decide sobre Ucrania sin Ucrania, ni sobre Europa sin Europa. Esta fórmula es justa, pero exige que Europa hable con una sola voz. Ahora bien, las divisiones nacionales sobre el envío de armas o sobre las garantías de seguridad debilitan la posición europea. Un enfoque basado en la subsidiariedad y el mercado sería aquí más eficaz: dejar que los Estados miembros que lo deseen avancen juntos, sin esperar la unanimidad, y dejar que la industria de defensa europea produzca más rápido reduciendo los obstáculos normativos. La BITDE, mencionada en el texto, es un paso en esa dirección, pero sigue siendo demasiado lenta y demasiado burocrática para responder a la urgencia.
El Parlamento condena la flexibilización parcial de las sanciones estadounidenses contra Rusia y la posición de Estados Unidos de subordinar sus garantías de seguridad a la retirada de Ucrania del Donbás. Llama a ampliar las listas de sanciones individuales y a exigir responsabilidades a las plataformas de redes sociales por la difusión de contenidos perjudiciales, mediante una aplicación estricta del Reglamento de Servicios Digitales. Este último punto merece atención: confiar a plataformas privadas la tarea de filtrar la propaganda estatal rusa puede volverse contra la libertad de expresión. La lucha contra la desinformación debe mantenerse en el marco de la ley, no en el de la censura privada. La verdadera palanca es la transparencia de la financiación y la represión penal de las redes de propaganda, no la delegación de la censura a empresas.
Europa no puede pedir a Ucrania que luche por ella y negarle los medios para hacerlo.
El Parlamento Europeo adoptó el 8 de julio de 2026, por 460 votos contra 136 y 59 abstenciones, una resolución que exige la retirada inmediata e incondicional de las fuerzas rusas de Ucrania y llama a la Unión y a sus Estados miembros a aumentar masivamente su ayuda militar a Kiev, incluidos sistemas de defensa aérea y misiles de largo alcance. No es una ley: es una posición política. Pero dice una cosa simple: Europa debe dejar de mirar el coraje ucraniano como algo debido y empezar a financiarlo como una inversión en su propia seguridad.
El Parlamento constata una reducción del 99 % de la ayuda militar estadounidense en 2025. No es una abstracción: es la señal enviada a Moscú de que el tiempo juega a su favor. En respuesta, la resolución pide acelerar y aumentar el suministro de armas y municiones, y subraya que la Unión y sus Estados miembros ya son el principal proveedor de apoyo financiero y militar a Ucrania. El mecanismo es simple: si la ayuda disminuye, la capacidad de Ucrania para defenderse disminuye, y Rusia no tiene ninguna razón para negociar. Si la ayuda aumenta de forma previsible, la correlación de fuerzas cambia y la diplomacia se vuelve posible.
El texto exhorta en particular a Alemania a suministrar misiles Taurus de largo alcance, y a los demás Estados miembros a dotar a Ucrania de sistemas de defensa aérea adicionales. Para un ciudadano europeo, esto significa que la protección de su propio espacio aéreo comienza en Ucrania. Cada misil interceptado sobre Kiev es un misil que no amenaza a Varsovia o Berlín. El coste de la espera, en cambio, se mide en vidas ucranianas y en riesgos crecientes para Europa.
La resolución reclama garantías de seguridad sólidas y jurídicamente vinculantes para Ucrania, equivalentes a las del artículo 5 del Tratado de Washington y del artículo 42, apartado 7, del Tratado de la Unión Europea, en cuanto el estado de guerra haya terminado oficialmente. También pide a una coalición de Estados miembros voluntarios que estudie una zona de protección aérea integrada con vocación defensiva, dirigida por Europa, con patrullas aéreas de combate sobre las zonas no disputadas de Ucrania. No son compromisos vinculantes, sino orientaciones políticas. Su aplicación dependerá de la voluntad de los Estados miembros, y ahí está el problema: las garantías de seguridad solo tienen valor si son creíbles, y solo son creíbles si las capacidades militares europeas las acompañan.
El Parlamento invita a la Comisión y a los Estados miembros a considerar el nombramiento de un negociador europeo de alto nivel con un mandato claro. Recuerda que nadie decide sobre Ucrania sin Ucrania, ni sobre Europa sin Europa. Esta fórmula es justa, pero exige que Europa hable con una sola voz. Ahora bien, las divisiones nacionales sobre el envío de armas o sobre las garantías de seguridad debilitan la posición europea. Un enfoque basado en la subsidiariedad y el mercado sería aquí más eficaz: dejar que los Estados miembros que lo deseen avancen juntos, sin esperar la unanimidad, y dejar que la industria de defensa europea produzca más rápido reduciendo los obstáculos normativos. La BITDE, mencionada en el texto, es un paso en esa dirección, pero sigue siendo demasiado lenta y demasiado burocrática para responder a la urgencia.
El Parlamento condena la flexibilización parcial de las sanciones estadounidenses contra Rusia y la posición de Estados Unidos de subordinar sus garantías de seguridad a la retirada de Ucrania del Donbás. Llama a ampliar las listas de sanciones individuales y a exigir responsabilidades a las plataformas de redes sociales por la difusión de contenidos perjudiciales, mediante una aplicación estricta del Reglamento de Servicios Digitales. Este último punto merece atención: confiar a plataformas privadas la tarea de filtrar la propaganda estatal rusa puede volverse contra la libertad de expresión. La lucha contra la desinformación debe mantenerse en el marco de la ley, no en el de la censura privada. La verdadera palanca es la transparencia de la financiación y la represión penal de las redes de propaganda, no la delegación de la censura a empresas.
Europa no puede pedir a Ucrania que luche por ella y negarle los medios para hacerlo.