El 16 de junio de 2026, el Parlamento Europeo adoptó un informe de iniciativa sobre la aplicación del Reglamento (UE, Euratom) 2025/2445, que regula los partidos políticos europeos y sus fundaciones. Este texto, preparado por los diputados Loránt Vincze y Charles Goerens, hace balance del funcionamiento de las normas actuales y propone vías de mejora para reforzar la transparencia, la financiación y el papel democrático de estas entidades.
Los partidos políticos europeos (por ejemplo, el Partido Popular Europeo, el Partido Socialista Europeo, etc.) y sus fundaciones políticas asociadas son organizaciones transnacionales que contribuyen a formar una conciencia política europea y a expresar la voluntad de los ciudadanos de la Unión. El Reglamento (UE, Euratom) 2025/2445, conocido como «Reglamento refundido», ha modernizado las normas aplicables a estas entidades, especialmente en materia de financiación, transparencia y respeto de los valores europeos. Este informe anual evalúa la aplicación de dicho Reglamento y examina las actividades financiadas.
El Parlamento Europeo adoptó una resolución que:
La resolución fue adoptada por 426 votos a favor, 140 en contra y 107 abstenciones. El texto obtuvo, por tanto, una amplia mayoría, pero los votos en contra y las abstenciones muestran divergencias en algunos puntos, especialmente en el nivel de control que debe ejercerse sobre las fundaciones.
Este informe no tiene efecto jurídico directo, pero influye en las futuras propuestas de la Comisión Europea. Para los ciudadanos, se trata de un paso hacia partidos y fundaciones más transparentes y eficaces, capaces de representar mejor los intereses de los europeos. Las mejoras propuestas pretenden garantizar que el dinero público se utilice adecuadamente y que estas organizaciones contribuyan realmente al debate democrático europeo, sin injerencias externas. Al simplificar las normas, el Parlamento espera también fomentar la creación de nuevos partidos y fundaciones, reforzando así la diversidad política a nivel europeo.
El 16 de junio de 2026, el Parlamento Europeo aprobó un informe de iniciativa en el que pide a la Comisión que eleve al 100 % la contribución del presupuesto de la Unión a las fundaciones políticas europeas y que suprima el límite de 18 000 euros por donante y año. Detrás de la retórica de la «resiliencia democrática», lo que hay es una petición de dinero público adicional sin evaluación de eficacia, sin condicionalidad y sin un control reforzado sobre unas estructuras cuya utilidad democrática está aún por demostrar.
Las fundaciones políticas europeas no son partidos: no presentan candidatos, no rinden cuentas a los votantes y no sufren ninguna sanción electoral. El Parlamento quiere, sin embargo, elevar la contribución de la Unión al 100 % de sus gastos subvencionables, es decir, hacer que el contribuyente europeo cargue con la totalidad de sus costes de funcionamiento. Una fundación que ya no depende en absoluto de sus miembros o de sus donantes para sobrevivir no tiene ningún incentivo para la austeridad: gasta lo que se le da, sin riesgo de perder su financiación.
El informe reconoce, no obstante, que las fundaciones se quejan de una «carga normativa desproporcionada» y que la experiencia de aplicación del reglamento es «limitada». La respuesta del Parlamento no es simplificar las normas ni esperar a una evaluación, sino pedir más dinero y un límite de donaciones más alto. Es lo contrario de un enfoque de responsabilidad: se recompensa la ineficacia con una prórroga.
Elevar el límite de las donaciones de 18 000 euros por donante y año sin precisar un nuevo importe ni una salvaguarda es abrir la puerta a financiaciones privadas más cuantiosas en estructuras que ya viven de dinero público. El Parlamento justifica esta flexibilidad con la «diversificación de los recursos», pero no dice quién controlará el origen de los fondos ni cómo evitar que un donante capture una fundación. La transparencia reforzada, si se queda en declarativa, no protege contra la influencia.
El informe propone un sistema único de declaración en línea, lo que es una simplificación bienvenida. Pero simplificar la declaración sin poner límite a las donaciones es facilitar la entrada de dinero privado sin facilitar su control. La alternativa liberal sería condicionar todo aumento de financiación pública a una reducción real de las obligaciones de cumplimiento y a una publicación íntegra de los donantes, no lo contrario.
Se pide más dinero público para unas fundaciones que nadie elige, sin evaluación y sin contrapartida.
El 16 de junio de 2026, el Parlamento Europeo aprobó un informe de iniciativa en el que pide a la Comisión que eleve al 100 % la contribución del presupuesto de la Unión a las fundaciones políticas europeas y que suprima el límite de 18 000 euros por donante y año. Detrás de la retórica de la «resiliencia democrática», lo que hay es una petición de dinero público adicional sin evaluación de eficacia, sin condicionalidad y sin un control reforzado sobre unas estructuras cuya utilidad democrática está aún por demostrar.
Las fundaciones políticas europeas no son partidos: no presentan candidatos, no rinden cuentas a los votantes y no sufren ninguna sanción electoral. El Parlamento quiere, sin embargo, elevar la contribución de la Unión al 100 % de sus gastos subvencionables, es decir, hacer que el contribuyente europeo cargue con la totalidad de sus costes de funcionamiento. Una fundación que ya no depende en absoluto de sus miembros o de sus donantes para sobrevivir no tiene ningún incentivo para la austeridad: gasta lo que se le da, sin riesgo de perder su financiación.
El informe reconoce, no obstante, que las fundaciones se quejan de una «carga normativa desproporcionada» y que la experiencia de aplicación del reglamento es «limitada». La respuesta del Parlamento no es simplificar las normas ni esperar a una evaluación, sino pedir más dinero y un límite de donaciones más alto. Es lo contrario de un enfoque de responsabilidad: se recompensa la ineficacia con una prórroga.
Elevar el límite de las donaciones de 18 000 euros por donante y año sin precisar un nuevo importe ni una salvaguarda es abrir la puerta a financiaciones privadas más cuantiosas en estructuras que ya viven de dinero público. El Parlamento justifica esta flexibilidad con la «diversificación de los recursos», pero no dice quién controlará el origen de los fondos ni cómo evitar que un donante capture una fundación. La transparencia reforzada, si se queda en declarativa, no protege contra la influencia.
El informe propone un sistema único de declaración en línea, lo que es una simplificación bienvenida. Pero simplificar la declaración sin poner límite a las donaciones es facilitar la entrada de dinero privado sin facilitar su control. La alternativa liberal sería condicionar todo aumento de financiación pública a una reducción real de las obligaciones de cumplimiento y a una publicación íntegra de los donantes, no lo contrario.
Se pide más dinero público para unas fundaciones que nadie elige, sin evaluación y sin contrapartida.