El Parlamento Europeo ha aprobado un acuerdo revisado que establece nuevas normas para sus relaciones con la Comisión Europea. Los comisarios deberán estar presentes durante la hora de las preguntas durante un máximo de 90 minutos cuando sus carteras estén concernidas, y la Comisión deberá justificar por escrito toda solicitud de debate urgente. El acuerdo fue adoptado por 446 votos a favor, 100 en contra y 72 abstenciones. Se trata del texto final negociado con los gobiernos de la UE; estos aún deben dar su aprobación formal antes de que sea aplicable.
El acuerdo marco de 2010 entre el Parlamento y la Comisión no se había actualizado desde hacía mucho tiempo. Tras la reforma del Parlamento en 2024 y la revisión de su reglamento interno en abril de 2024, ambas instituciones consideraron necesario clarificar y reforzar las normas de cooperación. La Comisión se había comprometido, por voz de su presidenta, a revisar dicho acuerdo para respetar mejor el equilibrio institucional y las prerrogativas del Parlamento.
Hora de las preguntas: 90 minutos máximoDurante la hora de las preguntas, los comisarios cuyas carteras correspondan a las preguntas planteadas deberán estar presentes, por un tiempo máximo de 90 minutos. Anteriormente, no se preveía ninguna duración máxima ni obligación de correspondencia de las carteras.
Sustitución de los comisarios limitadaUn comisario podrá hacerse sustituir por un alto funcionario competente en las reuniones de comisión únicamente si su presencia no ha sido solicitada expresamente. Antes, esta sustitución era posible de forma más amplia.
Retirada de propuesta: el comisario presenteCuando la Comisión prevea retirar una propuesta, el comisario competente deberá asistir a las reuniones de comisión para discutirlo. Anteriormente, no existía ningún compromiso de este tipo.
Justificación de las medidas de urgenciaLa Comisión deberá proporcionar sin demora una justificación e información completas sobre los casos excepcionales y urgentes basados en el artículo 122 del tratado, tanto al presentar la solicitud al Parlamento como después de la aplicación del acto. También deberá justificar por escrito toda solicitud de debate urgente.
Información sobre iniciativas fuera del programaLa Comisión se compromete a informar al Parlamento de las iniciativas políticas y propuestas legislativas que no figuren en su programa de trabajo, y a presentar las iniciativas clave en pleno inmediatamente después de su adopción por el colegio de comisarios.
El acuerdo fue adoptado por 446 votos a favor, 100 votos en contra y 72 abstenciones.
Estas nuevas normas pretenden hacer que el trabajo de la Comisión sea más transparente y más responsable ante los representantes electos del Parlamento Europeo. En concreto, los comisarios deberán responder con más frecuencia y más directamente a las preguntas de los diputados, y los ciudadanos podrán saber mejor qué iniciativas prepara la Comisión, incluso aquellas que no figuran en su programa oficial. La Comisión también deberá explicar públicamente por qué toma medidas de urgencia y por qué retira determinadas propuestas. El acuerdo aún debe ser aprobado formalmente por los gobiernos de la UE antes de entrar en vigor.
El Parlamento Europeo aprobó el 11 de marzo de 2026, por 446 votos contra 100 y 72 abstenciones, un acuerdo marco revisado con la Comisión. Detrás de los 90 minutos de preguntas y las justificaciones escritas, se instaura un mecanismo de rendición de cuentas política. Pero un acuerdo interinstitucional no reduce el gasto público ni la carga regulatoria: organiza la trazabilidad de las decisiones. El verdadero desafío es saber si esa trazabilidad pesará sobre las decisiones concretas o seguirá siendo un ritual procedimental.
El acuerdo marco revisado fija obligaciones de transparencia: la Comisión informará al Parlamento de las iniciativas que no figuren en su programa de trabajo y presentará las iniciativas clave en pleno tras su adopción por el colegio. Los comisarios deberán asistir a las reuniones de comisión, y su sustitución por un alto funcionario se limitará a los casos en que su presencia no haya sido expresamente solicitada. Estas reglas hacen más previsible el control político, pero no reducen en nada el volumen de regulación ni el coste de conformidad para las empresas. Añaden una capa de procedimiento: reuniones, justificaciones escritas, informaciones en pleno. El beneficio es democrático; el coste es administrativo.
La cuestión de las evaluaciones de impacto es reveladora. El Parlamento lamenta que la Comisión no indique si las nuevas iniciativas legislativas irán acompañadas de una evaluación de impacto y no justifique su ausencia. Pero el acuerdo no crea una obligación vinculante: remite a un compromiso de la Comisión. Ahora bien, una evaluación de impacto realizada bajo la responsabilidad de la Comisión, incluso con un procedimiento transparente, sigue siendo un instrumento interno. Para las empresas, lo importante no es que la evaluación exista, sino que concluya en la proporcionalidad y la necesidad de la medida. A falta de obligación, el riesgo es que la evaluación se convierta en un justificante a posteriori.
El artículo 122, que permite al Consejo adoptar medidas excepcionales a propuesta de la Comisión, ilustra el mismo desfase. La Comisión deberá aportar sin demora una justificación e informaciones completas, antes y después de la aplicación. Es un avance para la transparencia, pero no limita el recurso a este artículo para eludir el procedimiento legislativo ordinario. Un enfoque basado en la subsidiariedad habría consistido en encuadrar estrictamente las condiciones de recurso al artículo 122, por ejemplo exigiendo una demostración de urgencia real y una cláusula de caducidad. Aquí se organiza la justificación, no la limitación.
El refuerzo del derecho de iniciativa del Parlamento en virtud del artículo 225, incluido para proponer modificar o derogar la legislación existente, se presenta como un avance. Efectivamente puede permitir solicitar la derogación de normas obsoletas. Pero el mecanismo sigue en manos de la Comisión, que decide darle curso o no. El seguimiento mejorado no cambia la relación de fuerzas: la Comisión conserva el monopolio de la iniciativa legislativa. Para los empresarios, el coste de la incertidumbre permanece: una propuesta de derogación puede tardar años en prosperar, y las empresas siguen aplicando normas cuya supresión se solicita.
El acuerdo prevé también que la Comisión justifique por escrito toda solicitud de debate urgente. Es algo bueno: la urgencia se utiliza a menudo para sortear el debate. Pero, una vez más, la justificación no garantiza que el Parlamento disponga del tiempo necesario para examinar el texto. Un enfoque liberal habría consistido en limitar los procedimientos de urgencia a casos estrictamente definidos y garantizar un plazo mínimo de examen. El texto se limita a exigir una justificación, sin encuadrar la práctica.
Un acuerdo que organiza la transparencia no sustituye una reducción de la carga regulatoria.
El Parlamento Europeo aprobó el 11 de marzo de 2026, por 446 votos contra 100 y 72 abstenciones, un acuerdo marco revisado con la Comisión. Detrás de los 90 minutos de preguntas y las justificaciones escritas, se instaura un mecanismo de rendición de cuentas política. Pero un acuerdo interinstitucional no reduce el gasto público ni la carga regulatoria: organiza la trazabilidad de las decisiones. El verdadero desafío es saber si esa trazabilidad pesará sobre las decisiones concretas o seguirá siendo un ritual procedimental.
El acuerdo marco revisado fija obligaciones de transparencia: la Comisión informará al Parlamento de las iniciativas que no figuren en su programa de trabajo y presentará las iniciativas clave en pleno tras su adopción por el colegio. Los comisarios deberán asistir a las reuniones de comisión, y su sustitución por un alto funcionario se limitará a los casos en que su presencia no haya sido expresamente solicitada. Estas reglas hacen más previsible el control político, pero no reducen en nada el volumen de regulación ni el coste de conformidad para las empresas. Añaden una capa de procedimiento: reuniones, justificaciones escritas, informaciones en pleno. El beneficio es democrático; el coste es administrativo.
La cuestión de las evaluaciones de impacto es reveladora. El Parlamento lamenta que la Comisión no indique si las nuevas iniciativas legislativas irán acompañadas de una evaluación de impacto y no justifique su ausencia. Pero el acuerdo no crea una obligación vinculante: remite a un compromiso de la Comisión. Ahora bien, una evaluación de impacto realizada bajo la responsabilidad de la Comisión, incluso con un procedimiento transparente, sigue siendo un instrumento interno. Para las empresas, lo importante no es que la evaluación exista, sino que concluya en la proporcionalidad y la necesidad de la medida. A falta de obligación, el riesgo es que la evaluación se convierta en un justificante a posteriori.
El artículo 122, que permite al Consejo adoptar medidas excepcionales a propuesta de la Comisión, ilustra el mismo desfase. La Comisión deberá aportar sin demora una justificación e informaciones completas, antes y después de la aplicación. Es un avance para la transparencia, pero no limita el recurso a este artículo para eludir el procedimiento legislativo ordinario. Un enfoque basado en la subsidiariedad habría consistido en encuadrar estrictamente las condiciones de recurso al artículo 122, por ejemplo exigiendo una demostración de urgencia real y una cláusula de caducidad. Aquí se organiza la justificación, no la limitación.
El refuerzo del derecho de iniciativa del Parlamento en virtud del artículo 225, incluido para proponer modificar o derogar la legislación existente, se presenta como un avance. Efectivamente puede permitir solicitar la derogación de normas obsoletas. Pero el mecanismo sigue en manos de la Comisión, que decide darle curso o no. El seguimiento mejorado no cambia la relación de fuerzas: la Comisión conserva el monopolio de la iniciativa legislativa. Para los empresarios, el coste de la incertidumbre permanece: una propuesta de derogación puede tardar años en prosperar, y las empresas siguen aplicando normas cuya supresión se solicita.
El acuerdo prevé también que la Comisión justifique por escrito toda solicitud de debate urgente. Es algo bueno: la urgencia se utiliza a menudo para sortear el debate. Pero, una vez más, la justificación no garantiza que el Parlamento disponga del tiempo necesario para examinar el texto. Un enfoque liberal habría consistido en limitar los procedimientos de urgencia a casos estrictamente definidos y garantizar un plazo mínimo de examen. El texto se limita a exigir una justificación, sin encuadrar la práctica.
Un acuerdo que organiza la transparencia no sustituye una reducción de la carga regulatoria.