El Parlamento Europeo ha adoptado una resolución que lamenta el fracaso de la ley de amnistía venezolana y pide la liberación total e incondicional de todas las personas detenidas arbitrariamente por motivos políticos, de las cuales al menos 470 siguen injustamente detenidas. El texto insiste en que esta ley nunca proteja a los autores de violaciones de los derechos humanos y en que el Consejo de la UE no levante las sanciones contra estos responsables mientras no se hayan logrado avances significativos hacia una transición democrática. El Parlamento pide a la Comisión y a los Estados miembros que hagan todo lo posible para lograr estos resultados.
La ley de amnistía para la convivencia democrática, adoptada en febrero de 2026 por la asamblea controlada por el régimen venezolano, debía permitir la liberación de presos políticos. En la práctica, no condujo a su liberación incondicional: al menos 470 personas siguen detenidas en condiciones inhumanas, la ley solo se aplica a casos limitados y no se aplica automáticamente. Su alcance restringido, la ausencia de control independiente y su implementación discriminatoria no proporcionaron ninguna base para la reconciliación política. El 23 de abril de 2026, Delcy Rodríguez anunció el fin de esta ley, lo que el Parlamento considera una violación de la constitución y de la independencia judicial.
Se exige la liberación incondicionalEl Parlamento pide la liberación total e incondicional de todas las personas detenidas arbitrariamente por motivos políticos e insiste en que gocen plenamente de sus derechos civiles y políticos.
Ninguna protección para los torturadoresLa ley de amnistía no debe aplicarse en ningún caso para proteger a los responsables de violaciones de los derechos humanos, que deben rendir cuentas plenamente por sus actos.
Fin de la represión y reformasEl Parlamento insta al régimen a poner fin de inmediato a la represión y a reformar las instituciones judiciales, represivas y electorales, en particular cerrando todas las instalaciones utilizadas para la detención arbitraria, los malos tratos y la tortura.
Sanciones mantenidas bajo condicionesMientras no se hayan tomado medidas significativas para una transición democrática pacífica liderada por Venezuela, incluida la liberación incondicional de todos los presos políticos, el retiro y la anulación de todos los cargos políticos contra la oposición y el establecimiento de una hoja de ruta creíble para elecciones libres, el Consejo no debería levantar las sanciones impuestas a las personas responsables de violaciones de los derechos humanos.
Retorno seguro garantizadoEl Parlamento pide el fin de las persecuciones políticas, el levantamiento incondicional de todas las restricciones impuestas a los presos políticos y la garantía de un retorno seguro sin represalias.
La resolución fue adoptada por 507 votos a favor, 31 en contra y 35 abstenciones durante una votación electrónica por llamamiento nominal.
Esta resolución no es una ley: expresa la posición política del Parlamento Europeo y pide a la Comisión y a los Estados miembros que presionen para la liberación de los presos políticos y el respeto de los derechos humanos en Venezuela. Recomienda al Consejo que no levante las sanciones contra los responsables de violaciones de los derechos humanos mientras no se hayan logrado avances democráticos significativos. Los ciudadanos de la UE, incluidos aquellos que tienen familia o intereses en Venezuela, se ven afectados por el compromiso del Parlamento con la liberación de las personas detenidas arbitrariamente, incluidos los nacionales europeos, y por el mantenimiento de las sanciones selectivas.
Una ley de amnistía que deja a 470 presos políticos tras las rejas no es una amnistía, es un decorado. El Parlamento Europeo lo ha dicho con claridad: exige la liberación total e incondicional de todos los detenidos arbitrarios, y advierte al Consejo que no debe levantar las sanciones contra los torturadores mientras no haya comenzado la transición democrática.
El texto adoptado el 30 de abril de 2026 por 507 votos a favor, 31 en contra y 35 abstenciones no es una ley: es una resolución política. Pero su constatación es implacable. La ley de amnistía para la convivencia democrática, votada en febrero de 2026 por una asamblea controlada por el régimen, debía liberar a los presos políticos. No lo hizo. Al menos 470 personas siguen detenidas, entre ellas militares, abogados, periodistas, defensores de los derechos humanos y ciudadanos europeos. La ley solo se aplica a casos limitados, no es automática y obliga a los detenidos a reconocer falsas acusaciones ante una justicia sometida. No es una amnistía, es una trampa más.
El Parlamento no se detiene en la constatación. Exige la liberación total e incondicional de todos los presos políticos y afirma que la amnistía no debe en ningún caso proteger a los torturadores. Pide el cierre de todos los centros de detención arbitraria y el fin de las persecuciones. En el fondo, la lógica es simple: una amnistía que no libera no es más que un instrumento de comunicación. Permite al régimen decir al mundo que hace un gesto, mientras sus cárceles siguen llenas. El Parlamento rechaza ese regateo.
El mensaje al Consejo es igual de claro: no levantar las sanciones contra los responsables de violaciones de los derechos humanos mientras no se hayan tomado medidas significativas. El Parlamento fija tres condiciones: la liberación incondicional de todos los presos políticos, la retirada y anulación de todas las acusaciones políticas contra la oposición, y una hoja de ruta creíble para unas elecciones libres. Mientras no se cumplan estas condiciones, las sanciones se mantienen. Es una posición de firmeza, no de ingenuidad.
Este enfoque tiene un mérito: vincula la zanahoria a actos verificables, no a promesas. Evita el síndrome de la «ley de amnistía»: un gesto cosmético que no cambia nada a la realidad de las cárceles. Al exigir pruebas antes de cualquier concesión, el Parlamento protege la credibilidad de las sanciones europeas. Recuerda también que la transición debe ser conducida por los propios venezolanos, en el respeto de su soberanía.
Una amnistía que deja a 470 presos políticos tras las rejas no es una amnistía, es un decorado.
Una ley de amnistía que deja a 470 presos políticos tras las rejas no es una amnistía, es un decorado. El Parlamento Europeo lo ha dicho con claridad: exige la liberación total e incondicional de todos los detenidos arbitrarios, y advierte al Consejo que no debe levantar las sanciones contra los torturadores mientras no haya comenzado la transición democrática.
El texto adoptado el 30 de abril de 2026 por 507 votos a favor, 31 en contra y 35 abstenciones no es una ley: es una resolución política. Pero su constatación es implacable. La ley de amnistía para la convivencia democrática, votada en febrero de 2026 por una asamblea controlada por el régimen, debía liberar a los presos políticos. No lo hizo. Al menos 470 personas siguen detenidas, entre ellas militares, abogados, periodistas, defensores de los derechos humanos y ciudadanos europeos. La ley solo se aplica a casos limitados, no es automática y obliga a los detenidos a reconocer falsas acusaciones ante una justicia sometida. No es una amnistía, es una trampa más.
El Parlamento no se detiene en la constatación. Exige la liberación total e incondicional de todos los presos políticos y afirma que la amnistía no debe en ningún caso proteger a los torturadores. Pide el cierre de todos los centros de detención arbitraria y el fin de las persecuciones. En el fondo, la lógica es simple: una amnistía que no libera no es más que un instrumento de comunicación. Permite al régimen decir al mundo que hace un gesto, mientras sus cárceles siguen llenas. El Parlamento rechaza ese regateo.
El mensaje al Consejo es igual de claro: no levantar las sanciones contra los responsables de violaciones de los derechos humanos mientras no se hayan tomado medidas significativas. El Parlamento fija tres condiciones: la liberación incondicional de todos los presos políticos, la retirada y anulación de todas las acusaciones políticas contra la oposición, y una hoja de ruta creíble para unas elecciones libres. Mientras no se cumplan estas condiciones, las sanciones se mantienen. Es una posición de firmeza, no de ingenuidad.
Este enfoque tiene un mérito: vincula la zanahoria a actos verificables, no a promesas. Evita el síndrome de la «ley de amnistía»: un gesto cosmético que no cambia nada a la realidad de las cárceles. Al exigir pruebas antes de cualquier concesión, el Parlamento protege la credibilidad de las sanciones europeas. Recuerda también que la transición debe ser conducida por los propios venezolanos, en el respeto de su soberanía.
Una amnistía que deja a 470 presos políticos tras las rejas no es una amnistía, es un decorado.